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7 dic. 2012

Hola extraña

Hola desconocida.
Sé que nunca nos habíamos visto antes
pero acabo de descubrir, al verte,
que tengo que conocerte
para no arrepentirme toda mi vida
de no haberlo hecho,
así que perdóname si lo intento y tú no quieres.

4 nov. 2012

Mariposa

Mariposa,
¿A quién pretendes engañar con tus colores?
No eres peligrosa
aunque pretendas serlo:
Tus colores llamativos
no te hacen venenosa.

14 oct. 2012

La diferencia

La diferencia es que tú quieres
y yo no dejo de querer.
La diferencia es que tú andas
y a mí sólo me gusta correr,
que tú me das lo que quiero
y yo te doi lo que necesitas;
que tú vas mirando al andar el suelo
y yo  no pierdo de vista mis fantasías.
Tú dices cuándo,
yo digo ahora.
Tú duermes protegida por mi cuerpo
y yo tranquilizado por tus besos,
esa es la diferencia.
Y, sin embargo, despertamos a la vez
y somos iguales al no querer
marcharnos de la cama...
con rapidez.

22 sept. 2012

Somos unos golfos muy melosos

Amanecimos bajo un cielo distinto al de los demás.
La primera luz que nos permitió ver algo fue la que da,
al brillar,
la luna;
y sólo  más tarde fue que conocimos al sol:
al momento supimos que nos caería peor.

Jugando de noche en los parques
y durmiendo por las mañanas
crecimos aborreciendo las luces brillantes
y amantes de los contrastes:
blanco con negro,
discusiones que se olvidan haciendo el amor;
arrumacos y mimos dulzones
para acabar con el dolor,
tal y como la noche,
la luna y sus estrellas nos enseñaron...

Sí.
Es su culpa nuestra adicción a las contraposiciones.
Por su culpa vagamos buscándolas y por su influencia,
a pesar de encontrarlas,
nunca podremos desperdiciar la oportunidad de tener otra.
Queremos más contrastes, más mimos, más de todo hasta que desborde;
hasta que  nos quedemos a oscuras por haber buscado luz sin luz como la paradoja final.

Pero hasta entonces...
Golfos melosos coleccionan estrellas para sus noches en vela,
buscan mimos al precio de un poco de atención;
prometen decir todo lo que quieres y te alquilan, por un rato y para que te sientas cómodo,
nuestro corazón.



meloso, sa.

1. adj. De calidad o naturaleza de miel.
2. adj. Dulce, apacible.

golfo, fa.

1. adj. deshonesto
2. m. y f. Pillo, sinvergüenza, holgazán. U. t. c. adj.


1 sept. 2012

Sin lágrimas para todos

Yo quisiera poder llorar por cada una de las personas que existen y sufren por ese sencillo hecho, pero no puedo.

Juguemos

Escapemos juntos a un lugar cercano.
Querámonos con pasión,
volvámonos locos
y después regresamos con nuestros amigos
sin estar cogidos de la mano y sin mirarnos.

Juguemos a no conocernos.
O mejor todavía:
a ser íntimos y no querernos;
a desearnos en secreto
y que solo escapando
podamos correspondernos sin miedo.

Que la ropa nunca se nos quede fuera de sitio.
Que nunca se sepa lo nuestro, ni siquiera nosotros.
¿Qué es lo nuestro?
Mírame bien a los ojos:
Juguemos.

21 jul. 2012

Echar de menos


Ni al sol que sale todas las mañanas,
ni a la luna que desfila cada anochecer
se les echa de menos;
cada día y cada noche
tendrás lo que siempre te han dado.

20 jul. 2012

El pasado

Nunca respiras el mismo aire dos veces;
el agua del río que te tocó
seguramente no te vuelva a tocar...
quien siempre recorre el mismo camino
anda en círculos y no avanza,
quien pierde tiempo dando la vuelta
reduce lo lejos que llegará
antes del final.

8 jul. 2012

Será que te quiero

Si algún día me levanto
abrazado a tu nombre
y pospongo el sueño inconsciente
por hablar un poco más contigo;
Si algún día no soy capaz de echarte de mi cabeza
ni de colgarte el teléfono
y me cuesta liberarte de un abrazo,
y tengo que evitar tus labios para no besarlos;
Si algún día me retuerzo esperando tu llamada,
tu mensaje, tu algo,
Y empiezo a atesorar cada momento contigo
y cada pequeña cosa que compartimos  se hace grande en mi recuerdo
y cada segundo que no estoy contigo se hace eterno:

Será que te quiero.

El primer beso


Fue el primero que me dieron, y que di.
Fue el primero en el que besamos ambos,
el primero del que no me arrepentí tras darlo.

20 jun. 2012

18 jun. 2012

Adiós


Me acuerdo cuando cabías en mi mano.
Cuando te cogía en brazos
cada vez que llorabas
y tú te acurrucabas en ellos buscando seguridad,
y segura ya no tenías lágrimas que derramar...

15 jun. 2012

Ojalá me enamorara de ti


Ojalá me enamorara de ti
y me volviese tonto por momentos
por tenerte feliz.
Ojalá me pusiera enfermo por no verte
y mi única cura, fueses tú.

Me gustaría, dejar de quererte

Me gustaría no extrañarte
antes de que te vayas:
No penar, con o sin causa,
solo porque te marchas.
Me gustaría que no fueras
mi último pensamiento cada noche

1 jun. 2012

Sin ti


Creo que me ha vuelto a pasar:
recordar tu rostro en la noche.
Creo que no lo pude evitar:
pensar en ti con los reproches:

30 may. 2012

Tuvo que ser así

¿Cuánto tiempo habrá pasado entre los dos?
¿Cuántos recuerdos quedarían atrapados, inocentes,
en la distancia que hay entre tú y yo ?

17 may. 2012

Jorge bucay "El caballero Sir Galahad"

Como un hecho excepcional en este blog,el siguiente relato no será mío, pero es para mí un cuento especial y hoy me aventuro a dejarlo aquí, con todos los demás pedacitos literarios que forman parte de mí. Al final encontraréis el cuento narrado en vídeo. Espero que os guste:




"El caballero Sir Galahad"




Esta historia lleva a la época del rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda, tiempos de hechicería y castillos de puentes levadizos, tiempo de intrigas y batallas heroicas, tiempo de dragones mágicos que arrojaban fuego por la boca y paladines de honor y valor ilimitado.

El rey Arturo había enfermado. En tan solo dos semanas su debilidad lo había  postrado en su cama y ya casi no comía. Todos los médicos de la corte fueron llamados para curar al monarca pero nadie había podido diagnosticar su mal. Pese a todos los cuidados, el buen rey empeoraba.
Una mañana, mientras los sirvientes aireaban la habitación donde el rey yacía dormido, uno de ellos le dijo al otro con tristeza:
-Morirá…
En el cuarto estaba Sir Galahad, el más heroico y apuesto de lo caballeros de la mesa redonda y el compañero de las grandes ludes de Arturo.
Galahad escuchó el comentario del sirviente y se puso de pie como un rayo, tomó al sirviente de las ropas y le gritó:
-Jamás vuelvas a repetir esa palabra, ¿entiendes? El rey vivirá, el rey se recuperará… solo necesitamos encontrar al médico que conozca su mal, ¿oíste?
El sirviente, temblando, se animó a contestar:
-Lo que pasa, Sir, es que Arturo no esta enfermo, está embrujado.
Eran épocas donde la magia era tan lógica y natural como la ley de gravedad.
-¿Por qué dices eso, maldición? Preguntó Galahad.
-Tengo mucho años, mi señor, y he visto decenas de hombres y mujeres en esa situación, solamente uno de ellos ha sobrevivido.
-Eso quiere decir que existe una posibilidad… Dime cómo lo hizo ése, el que escapó de la muerte.
-Se trata de conseguir un brujo más poderoso que el que realizó el conjuro; si eso no se hace, el hechizado muere.
-Debe haber en el reino un hechicero poderoso- Dijo Galahad –pero si no está en el reino lo iré a buscar del otro lado del mar y lo traeré.
-Que yo sepa hay solamente dos personas tan poderosas como para curar a Arturo, Sir Galahad; uno es Merlín, que aun en el caso de que se enterara tardaría dos semanas en venir y no creo que nuestro rey pueda soportar tanto.
-¿Y la otra?
El viejo sirviente bajó la cabeza moviéndola de un lado a otro negativamente.
-La otra es la bruja de la montaña… Pero aun cuando alguien fuera lo suficientemente valiente para ir a buscarla, lo cual dudo, ella jamás vendría a curar al rey que la expulsó del palacio hace tantos años.
La fama de la bruja era realmente siniestra. Se sabía que era capaz de transformar en su esclavo al más bravo guerrero con solo mirarlo a los ojos; se decía que con solo tocarla se le helaba a uno la sangre en las venas; se contaba que hervía ala gente en aceite para comerse su corazón.
Pero Arturo era el mejor amigo que Galahad tenía en su vida, había batallado a su lado cientos de veces, había escuchado sus penas más banales y las más profundas. No había riesgo que él no corriera por salvar a su soberano, a su amigo y a la mejor persona que había conocido.
Galahad calzó su armadura y montando su caballo se dirigió a la montaña Negra donde estaba la cueva de la bruja.
Apenas cruzó el río, noto que el cielo comenzaba a oscurecerse. Nubes opacas y densas perecían ancladas al pie de la montaña. Al llegar a la cueva, la noche parecía haber caído en pleno día.
Galahad desmontó y caminó hasta el agujero en la piedra. Verdaderamente, el frío sobrenatural que salía de la gruta y el olor fétido que emanaba el interior lo obligaron a replantearse empresa, pero el caballero resistió y siguió avanzando por el piso encharcado y el lúgubre túnel. De vez en cuando, el aleteo de un murciélago lo llevaba a cubrirse instintivamente la cara.
A quince minutos de marcha, el túnel se abría en una enorme caverna impregnada de un olor acre y de una luz amarillenta generada por cientos de velas encendidas. En el centro, revolviendo una olla humeante, estaba la bruja.
Era una típica bruja de cuento, tal y como se la había descrito su abuela en aquellas historias de terror que le contaba en su infancia para dormir y que lo despertaban fantaseando la lucha contra el mal que emprendería cuando tuviera edad para ser caballero de la corte.
Allí estaba, encorvada, vestida de negro, con las manos alargadas y huesudas terminadas en longuísimas uñas que parecían garras, los ojos pequeños, la nariz ganchuda, el mentón prominente y la actitud que encarnaba el espanto.
Apenas Galahad entró, sin siquiera mirarlo la bruja le gritó:
-¡Vete antes de que te convierta en un sapo en algo peor!
-Es que he venido a buscarte- dijo Galahad, -necesito ayuda para mi amigo que esta muy enfermo.
-Je… je… je…- rió la bruja-. El rey esta  embrujado y a pesar de que no he sido yo quien ha hecho el conjuro, nada hay que pueda hacer para evitar su muerte.
-Pero tú… tú eres más poderosa que quien hizo el conjuro. Tú podrías salvarlo- argumentó Galahad.
-¿Por qué haría yo tal cosa?- pregunto la bruja recordando con resentimiento el desprecio del rey.
-Por lo que pidas- dijo Galahad, -me ocuparé personalmente de que se te pague el precio que exijas.
La bruja miró al caballero. Era ciertamente extraño tener a semejante personaje en su cueva pidiéndole ayuda. Aún a la luz de las velas Galahad era increíblemente apuesto, lo cual sumado a su porte lo convertía en una imagen de la gallardía y la belleza.
La bruja lo miró de reojo y anunció:
 -El precio es este: si curo al rey y solamente si lo curo…
-Lo que pidas…- dijo Galahad.
-¡Quiero que te cases conmigo!
Galahad se estremeció. No concebía pasar el resto de su días conviviendo con la bruja, y sin embargo, era la vida de Arturo. Cuántas veces su amigo había salvado la suya durante una batalla. Le debía no una, sino cien vidas… Además, el reino necesitaba de Arturo.
-Sea- dijo el caballero, -si curas a Arturo te desposaré, te doy mi palabra. Pero por favor, apúrate, temo llegar al castillo y que sea tarde para salvarlo.
En silencio, la bruja tomó una maleta, puso unos cuantos polvos y brebajes en su interior, recogió una bolsa de cuero llena de extraños ingredientes y se dirigió al exterior, seguida por Galahad.
Al llegar afuera, Galahad trajo su caballo y con el cuidado con que se trata a una reina ayudó a la  bruja a montar en la grupa. Montó a su vez y empezó a cabalgar hacia el castillo real.
Una vez en el castillo, gritó al guardia para que bajara el puente, y éste con reticencia lo hizo.
Franqueado por la gente de aquella fortaleza que murmuraba sin poder creer lo que veía o se apartaba para no cruzar su mirada con la horrible mujer. Galahad llegó a la puerta de acceso a las habitaciones reales.
Con la mano impidió que la bruja se bajara por sus propios medios y se apuró a darle el brazo para ayudarla. Ella se sorprendió y lo miró casi con sarcasmo.
-Si es que vas a ser mi esposa- le dijo –es bueno que seas tratada como tal.
Apoyada en el brazo de él, la bruja entró en la recámara real. El rey había empeorado desde la partida de Galahad; ya no despertaba ni se alimentaba.
Galahad mandó a todos a abandonar la habitación. El médico personal del rey pidió permanecer y Galahad consintió.
La bruja se acercó al cuerpo de Arturo, lo olió, dijo algunas palabras extrañas y luego preparó un brebaje de un desagradable color verde que mezcló con un junco. Cuando intentó darle a beber el líquido al enfermo, el médico le tomó la mano con dureza.
-No- dijo -Yo soy el médico y no confío en brujerías. Fuera de…
Y seguramente habría continuado diciendo “…de este castillo”, pero no llego a hacerlo; Galahad estaba a su lado con la espada cerca del cuello del médico y la mirada furiosa.
-No toques a esta mujer- dijo Galahad -y el que se va eres tú… ¡Ahora!- gritó.
El médico huyó asustado. La bruja acercó la botella a los labios del rey y dejo caer el contenido en su boca.
-¿Y ahora?- preguntó Galahad.
-Ahora hay que esperar- dijo la bruja.
Ya en la noche, Galahad se quito la capa y armó con ella un pequeño lecho a los pies de la cama del rey. Él se quedaría en la puerta de acceso cuidando de ambos.
A la mañana siguiente, por primera vez en muchos días, el rey despertó.
-¡Comida!- gritó.  Quiero comer…Tengo mucha hambre-.
-Buenos días, majestad- saludó Galahad con una sonrisa, mientras sonar la campanilla para llamar a la servidumbre.
-Mi querido amigo- dijo el rey, -siento tanta hambre como si no hubiera comido en semanas-.
-No comiste en semanas- le confirmó Galahad.
En eso, a los pies de la cama apareció la imagen  de la bruja mirándolo con una mueca que seguramente reemplazaba en ese rostro a la sonrisa. Arturo creyó que era una alucinación. Cerró los ojos y se los refregó hasta comprobar que, en efecto, la bruja estaba allí, en su propio cuarto.
-Te he dicho cientos de veces que no quería verte cerca del palacio. ¡Fuera de aquí!- Ordenó el rey.
-Perdón, majestad- dijo Galahad –debes saber que si la echas me estas echando  también a mí. Es tu privilegio echarnos a ambos, pero si se va ella me voy yo.
-¿Te has vuelto loco?- preguntó Arturo. -¿A dónde irás tú con este monstruo infame?
-Cuidado, alteza, estás hablando de mi futura esposa.
-¿Qué? ¿Tu futura esposa? Yo he querido presentarte a las jóvenes casaderas de las mejores familias del reino, a las princesas más codiciadas de la región, a las mujeres más hermosas del mundo, y las has rechazado a todas. ¿Cómo vas ahora a casarte con ella?
La bruja se arregló burlonamente el pelo y dijo:
-Es el precio que ha pagado para que yo te cure.
-¡No!- gritó el rey-. Me opongo. No permitiré esta locura. Prefiero morir.
-Está hecho, majestad- dijo Galahad.
-Te prohíbo que te caces con ella- ordenó Arturo.
-Majestad- contestó Galahad-, existe solo una cosa en el mundo más importante en el mundo que una orden tuya. Y es mi palabra. Yo hice un juramento y me propongo cumplirlo. Si tú te murieses mañana, habría dos eventos en un mismo día.
El rey comprendió que no podía hacer nada para proteger a su amigo de su juramento.
-Nunca podré pagar tu sacrificio por mí, Galahad, eres más noble aún de lo que siempre supe-. El rey se acercó a Galahad y lo abrazó-. Dime aunque sea que puedo hacer por ti.
A la mañana siguiente, a pedido del caballero, en la capilla del palacio el sacerdote casó a la pareja con la única presencia de su majestad el rey. Al final de la ceremonia, Arturo entrego a Sir Galahad su bendición y un pergamino en el que cedía a la pareja los terrenos del otro lado del río y la cabaña en lo alto del monte.
Cuando salieron de la capilla, la plaza central estaba inusualmente desierta; nadie quería festejar ni asistir a esa boda; los corrillos del pueblo hablaban de brujería, de hechizos trasladados, de locura y de posesión…
Galahad condujo el carruaje por los ahora desiertos caminos en dirección al río y de allí por el camino alto hacia el monte.
Al llegar, bajó presuroso y tomando a su esposa amorosamente por la cintura la ayudó a bajar del carro. Le dijo que guardaría los caballos y la invitó a pasar a su nueva casa. Galahad se demoró un poco más porque prefirió contemplar la puesta del sol hasta que la línea roja terminó de desaparecer en el horizonte. Recién entonces Sir Galahad tomo aire y entró.
El fuego del hogar estaba encendido y, frente a él, una figura desconocida estaba de pie, de espaldas a la puerta. Era la silueta de una mujer vestida en gasas blancas semitransparentes que dejaban adivinar las curvas de un cuerpo cuidado y atractivo.
Galahad miró a su alrededor buscando a la mujer que había entrado unos minutos antes, pero no la vio.
-¿Dónde está mi esposa?- preguntó.
La mujer giró y Galahad sintió su corazón casi salírsele del pecho. Era la más hermosa mujer que había visto jamás. Alta, te tez blanca, ojos claros, largos cabellos rubios y un rostro sensual y tierno a la vez. El caballero pensó que se habría enamorado de aquella mujer en otras circunstancias.
-¿Dónde está mi esposa?- repitió, ahora un poco más enérgico. La mujer se acercó un poco y en un susurro le dijo:
-Tu esposa, querido Galahad, soy yo.
-No me engañas, yo se con quién me case- dijo Galahad- y no se parece a ti en lo más mínimo.
-Has sido tan amable conmigo, querido Galahad, has sido cuidadoso y gentil conmigo aún cuando sentías que aborrecías mi aspecto, me has defendido y respetado tanto como nadie lo hizo nunca, que te creo merecedor de esta sorpresa…La mitad del tiempo que estemos juntos tendré este aspecto que ves, y la otra mitad del tiempo, el aspecto con el que me conociste…- La mujer hizo una pausa y cruzó su mirada con la de Sir Galahad-. Y como eres mi esposo, mi amado y maravilloso esposo, es tu privilegio tomar esta decisión: ¿Qué prefieres, esposo mío? ¿Quieres que sea esta de día y la otra de noche o la otra de día y esta de noche?
Dentro del caballero el tiempo se detuvo. Este regalo del cielo era más de los que nunca había soñado. Él se había resignado a su destino por amor a su amigo Arturo y allí estaba pudiendo elegir su futura vida.


¿Debía pedirle a su esposa que fuera la hermosa de día para pasearse ufanamente por el pueblo siendo la envidia de todos y poder en silencio y soledad la angustia de sus noches con la bruja?

¿O más bien debía tolerar las burlas y desprecio de todos los que lo verían del brazo con la bruja y consolarse sabiendo que cuando anocheciera tendría él solo el placer celestial de la companía de ésta hermosa mujer de la cual ya se había enamorado?




Sir Galahad, el noble Sir Galahad, pensó y pensó y pensó, hasta que levantó la cabeza y habló:
-Ya que eres mi esposa, mi amada y elegida esposa, te pido que seas…la que tú quieras ser en cada momento de cada día de nuestra vida juntos…

Cuanta la leyenda que cuando ella escucho esto y se dio cuanta que podía elegir por sí misma ser quien ella quisiera, decidió ser todo el tiempo la más hermosa de las mujeres.
Cuentan que desde entonces, cada vez que nos encontramos con alguien que, con el corazón entre las manos, nos autoriza a ser quienes somos, invariablemente nos transformamos.
Abandonamos para siempre la horribles brujas y los malditos ogros que anidan en nuestra sombra para que, al desaparecer, deje lugar a lo más bellos, amorosos y fascinantes caballeros y princesas que yacen, a veces dormidos, dentro de nosotros. Hermosos seres que al principio aparecen para ofrecerlos a la persona a la persona amada, pero que terminan infaliblemente adueñándose de nuestra vida y habitándonos permanentemente.
Éste es el aprendizaje cosechado a lo largo del camino del encuentro.
El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar a otro para que sea quien es.
Mucho más allá de que esa autenticidad sea o no de mi conveniencia.
Mucho más allá de que, siendo quien eres, me elijas o no a mí para continuar juntos el camino.  


video




Gracias a http://luisitocastillo.wordpress.com fuente original del cuento y a jorge bucay, el autor.


12 may. 2012

Pelirroja

Rojos eran tus cabellos,
 rojo era mi corazón;
se enamoró éste al momento:
vaya error.

Distraído caminaba
hacia donde estabas tú,
y sin querer,
paraste en mi mirada:
vaya alud.

Emociones muy confusas,
deseos muy sinceros
Y todos queriendo hallar en ti
respuestas que casi me cuestan el cuello.

Mis amigos lo notaron,
me miraron, la miraron,
no dijeron nada
y solo se descojonaron.

Me uní inocente a ellos,
así reírme al menos
del error que fue aquello;
y vaya una seria

De sueños que decidieron
que mi vida no debía ser tranquila.
La constante eran tus ojos,
unos que nunca se olvidan.

Eran verdes, eran grises,
eran negros, eran firmes:
los ojos de alguien
que sabe lo que pide.

Y pidiendo me miraron sus ojos
algo que nunca habría esperado:
Una prueba, una muestra,
¡Algo!

Estaba siendo probado
si era digno o daba asco,
esa pérfida mirada
me estaba desnudando

pero pronto terminó
y me dejó apuntando el resultado en su mirada sincera,
en su sonrisa traviesa,
y decían a la vez:

No es posible que me tengas.



Rubia

Las sonrisas se entrecruzaban cuando no lo hacían las miradas.
Las palabras no cesaban porque siempre alguna se colaba.
Era como si buscáramos una verdad que sabíamos los dos
y nos dedicáramos a jugar a ver a quién se le escapaba,
obviamente perdí yo.
Tus Ricitos de oro atraparon mi atención;
en tus ojos verdes y brillantes perdí la razón que aún no tengo hoy.

Tenías algo con los zapatos de tacón.
Tacones finos, pero tan altos, casi, como un escalón.
¡Cuán pequeña te volvías enfundada en tus zapatillas!
Tenías que saltar para darme un beso en la mejilla,
Y si tú no saltabas,
te iba yo a buscar mientras tú te escondías dejándote encontrar,
y cuando yo pensaba que te tenía... Tú activabas tu trampa final
y te tirabas a mis brazos
y al agarrarte yo, estaba condenado.
Una mano tuya por mejilla mía, y lentamente
me ibas llevando a la cárcel de tu boca, de tus labios...
Cárcel de la que nunca me has sacado rubita de ojos verdes,
de la que nunca me has sacado.

Sólo solo

Del calor al frío,
 solo;
de la locura al delirio,
 solo.

27 abr. 2012

Corazón miguitas

Lloraste en mi pecho vacío
mientras te abrazaba
para dejar tu llanto recogido
aunque luego, lo tiré.
En mi interior hacía ruído
y carecía de corazón donde guardarlo.

25 abr. 2012

20 abr. 2012

Home dunha muller

Baixo o mesmo pelo
e coa mesma aura
que dan o caracter
e a presencia,
pero aínda así,
nigunha era ela...

¿Cómo decirlo?

Ella es una sonrisa desdibujada por las lagrimas;
de una vida triste, de una infancia para ser olvidada
es una mirada siempre melancólica, sincera y viva alternada a ratos.

Tan cerca y tan lejos

Estás más cerca de lo que nunca pediría.
Tan cerca,
que tu mano aveces toca la mía
y se levanta una ligera brisa en mis cercanías
cuando respiras;
tan cerca,
y aún así tan lejos

El viento

El viento ríe, llora y canta.
Hacía mucho tiempo que no lloraba
y bastante que no reía,
aunque no pasa el tiempo si no canta.

14 abr. 2012

Aunqe no te pueda ver

//Para todas esas personas que le dáis a mi vida
cada uno de sus mágicos momentos//


Sé con mi bolita de cristal cuando lloras en silencio,
cuando no es cierta la sonrisa que tu esbozas y yo veo;
con mi bolita de cristal sé cuando hace la tristeza tu silencio
y cuando lo que dices no es sincero...

1 abr. 2012

Corazones enamoradizos

Todos siempre
dicen las mismas cosas recurrentes;
siempre un te quiero,
un me gustas
o silencio.
Siempre es tú y yo
y nadie más.
Siempre es para siempre
y siempre va a ser genial.
Siempre es lo mismo,
y siempre es así
porque algunas veces...
es verdad.

18 mar. 2012

É a ti a quen quero

Sintoo moito.
Estiveches ahí desde o meu primeiro soplo de vida
xa que nacín no teu cálido e suave abrazo.
Es dulce como ningunha,
Unha fermosa mestura de timidez extrovertida,
pasado triste e glorioso
e montón de feridas sen curar
así como un futuro que recuperar.
Es única en tódolos aspectos,
nótase,
e por iso namoráchesme.

11 mar. 2012

¡Vive! ¡Se feliz ! **************

En los momentos más duros
y en los más bonitos,
cuándo sea imposible,
yo estaré ahí.
Cuándo quieras llorar
lloraré contigo.
Cuándo te vuelvas a animar,
ya me habré ido.
Si quieres hablar
tengo dos oídos,
si quieres oír,
conversaciones sin sentido.
Si quieres huír
déjame llevar lo que te pesa,
si prefieres luchar,
te trataré donde te hieran.
Si dudas de mí
te daré la razón,
sí confías en mi
no tendré fallar como una opción.
¡Así que vive!¡Se feliz!
Que yo estaré ahí
y te pondré apunto
si te olvidas de como sonreir.
¡Así que vive!¡Se feliz!
Que nada te ha de pasar;
y si te caes yo te lavanto,
y si te haces demasiado daño,
te daré mi mano en el hospital.
¡Así que vive!¡Se feliz!
Just for you, for me,
(if you want )
¡Vive y se feliz!

Una joven llamada...

La primera vez que estube en su presencia
ella estaba perfectamente maquillada,
portaba alhajas de oro y vestía el último modelo de su colección veraniega.
Nunca podré olvidar su cabello construido a base de cortos y largos,
de todos los colores existentes.

9 mar. 2012

Enfermo

Sí, enfermo.
Enfermo por el vacío
que dejaron los recuerdos;
por los errores,
que aún sin cometer yo,
yo llevo.
Por los aullidos lastimeros
De un lobo solitario
a la luna triste,
¡Maldito llanto
que no quiere irse
y me tiene enfermo!

Pío pío.

Pío pío.
Escúchalos,
Los pájaros no cantan, hablan.
1, 2, 3, 4, 5, 6…¡Tantos!
Y a la vez todos.
¡Que divertido coloquio!

26 feb. 2012

Malvada y buena niña, chica, mujercita....

Estoy improvisando en un folio en blanco.
Hoy te he visto y necesito guardarte entre las palabras que ahora escribo.
No temo no alcanzar a dibujarte del todo,
no anhelo que esto sea perfecto tampoco;
no,
completaré los huecos de mi escrito
con los recuerdos que tanto atesoro.

20 feb. 2012

Duerme pequeño

Tus días son siempre largos,
asfixiantes aunque no haga calor.
Tus noches son cortas,
pasas frío aunque no lo pase el resto
porque esa manta, ese saco, esos cartones tuyos
apenas calientan tu cuerpo o tu alma.

15 feb. 2012

Que buena eres

No haces otra cosa que girarme,
esconderme y hacerme aparecer sorprendentemente:
haces magia conmigo en tus manos.
No dejas que me caiga, ni que me vaya lejos;
Eres buena, muy buena.

11 feb. 2012

Vacío

Entre abrazos de personas a quien quiero,
entre besos de dulces sentimientos,
entre los brazos que rodean mi cuello
y  que creo recordar no son míos,
entre mi yo interno y externo,
entre la carne y el corazón lo siento:
Está vacío, nada tengo.

18 ene. 2012

******

Desde que saliste de mi vida primero
y te perdí de vista después
he querido volverte a ver
encendida y brillante en la noche inmensa,
bailando una canción que tú inventaste;
dando un concierto a miles de ausentes...

2 ene. 2012

Eres...

El viento que azota las caras,
que mece los pastos,
que camina el mundo solo
porque a nadie da llevado
(O tal vez no quieras llevarlo,
o tal vez no puedan seguirte...).